Hace tiempo que quería escribir este post, pero era algo así como este blog, siempre lo posponía para más adelante.
Hace años, aunque parezca muy lejano, antes incluso de que se popularizara el uso de los móviles, cuando alguien quería tener teléfono en casa, llamaba a la CTNE (Compañía Telefónica Nacional de España), y cuando les parecía, venían a tu casa, ponían una conexión, y te dejaban un teléfono en alquiler.
Cuando se liberalizó el mercado de las telecomunicaciones aparecieron los llamados operadores, que eran compañías que ofrecían unos servicios similares, cuando no idénticos, pero eran otras empresas, de modo que tuvimos libertad para elegir.
Las ventajas fueron visibles desde casi el principio, podías cambiar de compañía si te ofrecía mejores precios, aunque hubo quien se cambió sólo por ser diferente.
Hace poco está ocurriendo algo parecido con los servicios eléctricos, e incluso en algunas zonas ocurre algo parecido con los transportes ferroviarios.
Y también ocurrió lo mismo con las compañías aéreas.
Todo ello nos parece de lo más normal hoy en día, porque se refiere a cosas que manejamos, que entendemos bastante bien, y que muy posiblemente dominamos, como son desplazarse, hablar por teléfono, tener conexión a internet, o simplemente pagar un dinero por un servicio.
Entonces, si todo está tan claro, ¿por qué no ocurre lo mismo con los programas que ejecutamos en nuestros ordenadores?. ¿Acaso no hay posibilidad de elegir?
Desde hace un tiempo estoy empezando a pensar que realmente no es porque los que sí lo hacemos seamos gente rara, sino porque en general aunque son cosas que manejamos de forma cotidiana, no entendemos, ni por supuesto no dominamos, sobre todo porque hay formas de no tener que pagar por usar algo de pago.
Llevo muchos años dedicado a la informática en general y a la programación de sistemas de información en Bases de Datos. En este tiempo he trabajado con personas de las que he aprendido mucho, y con las que he crecido como persona y como profesional. Mi trabajo actual no está ligado a la informática, pero sigo programando en mis horas libres, esperando la oportunidad que me devuelva a la programación en activo.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
Hacking
Una de las cosas que más me cabrea de mucha prensa pretendidamente técnica es que no lo es, y alardea de serlo.
Parece ser que hoy en día, del mismo modo que cualquier persona que se sienta cara a un ordenador y sabe hacer cuatro cositas se autodenomina informático, cualquier publicación generalista que tiene una sección de tecnologías de la información, informática o algo así, parece tener licencia poética para lo que sea, incluso para confundir a la gente.
Todo esto viene porque uno ya acaba hasta el pirri de leer en muchos medios, y por ende tener que aguantarlo de boca de muchas personas, que es un hacker.
Y el caso es que me arriesgaría a quedarme ronco para explicarlo, pero prefiero escribirlo, así, cuando otra vez alguien diga que soy un hacker porque "pirateo cosas", le mandaré un mail con la dirección de este post. Por cierto, que si alguien quiere hacerlo también, sin problemas.
Eso sí, se admiten enmiendas a la definición de hacker (que uno no lo sabe todo):
Como casi todo en la vida, esto también tiene una explicación. Hacia la década de los 60 y los 70 del pasado siglo, los ordenadores eran máquinas con poca capacidad de almacenamiento, con poca memoria, y con pocos recursos de cómputo.
Esto significa que para cualquier programador era vital construir programas que ocuparan poco espacio, consumieran poca memoria, e hicieran su trabajo con el mínimo número de operaciones. Esto se conoce como eficiencia.
El caso es que muchos de estos programadores no sólo escribían programas, sino que, además, en muchos casos, tenían que repasarlos para conseguir que fueran más eficientes. Como ya se sabe, los gringos tienen que inventar palabras para todo, y este proceso no es una excepción.
El verbo to hack, en inglés tiene como una de sus acepciones "cortar a hachazos", y eso es la metáfora que se ha usado para describir ese proceso, es decir, hackear un programa consiste, nada más y nada menos, que en eliminar lineas de código para conseguir más eficiencia.
Un hacker es, por tanto, una persona que se dedica no sólo a escribir programas, sino también a mejorarlos, bien sean los suyos propios, o incluso a veces los de otros, siempre y cuando se disponga del código fuente.
Parece ser que hoy en día, del mismo modo que cualquier persona que se sienta cara a un ordenador y sabe hacer cuatro cositas se autodenomina informático, cualquier publicación generalista que tiene una sección de tecnologías de la información, informática o algo así, parece tener licencia poética para lo que sea, incluso para confundir a la gente.
Todo esto viene porque uno ya acaba hasta el pirri de leer en muchos medios, y por ende tener que aguantarlo de boca de muchas personas, que es un hacker.
Y el caso es que me arriesgaría a quedarme ronco para explicarlo, pero prefiero escribirlo, así, cuando otra vez alguien diga que soy un hacker porque "pirateo cosas", le mandaré un mail con la dirección de este post. Por cierto, que si alguien quiere hacerlo también, sin problemas.
Eso sí, se admiten enmiendas a la definición de hacker (que uno no lo sabe todo):
Como casi todo en la vida, esto también tiene una explicación. Hacia la década de los 60 y los 70 del pasado siglo, los ordenadores eran máquinas con poca capacidad de almacenamiento, con poca memoria, y con pocos recursos de cómputo.
Esto significa que para cualquier programador era vital construir programas que ocuparan poco espacio, consumieran poca memoria, e hicieran su trabajo con el mínimo número de operaciones. Esto se conoce como eficiencia.
El caso es que muchos de estos programadores no sólo escribían programas, sino que, además, en muchos casos, tenían que repasarlos para conseguir que fueran más eficientes. Como ya se sabe, los gringos tienen que inventar palabras para todo, y este proceso no es una excepción.
El verbo to hack, en inglés tiene como una de sus acepciones "cortar a hachazos", y eso es la metáfora que se ha usado para describir ese proceso, es decir, hackear un programa consiste, nada más y nada menos, que en eliminar lineas de código para conseguir más eficiencia.
Un hacker es, por tanto, una persona que se dedica no sólo a escribir programas, sino también a mejorarlos, bien sean los suyos propios, o incluso a veces los de otros, siempre y cuando se disponga del código fuente.
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